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¿Qué es un año bisiesto? PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Dr. Wilder Chicana (Consultor de Educandos)   

¿Qué es un año bisiesto?

 

Un año bisiesto es aquel cuya duración es de 366 días, en lugar de los 365 días de un año común. Por simplicidad se ubica el día adicional al final del mes más corto fechándolo, en consecuencia, como 29 de febrero. Pero, ¿por qué hacemos esto? Este día se añade para corregir un problema producido por el desfase que existe entre la duración del año trópico[1] (astronómico) y la duración del año civil. A continuación explicaremos esto con más detalle.

 

El calendario solar más útil del que tenemos noticias proviene de los egipcios quienes, a principios del 3000 a.C., ya tenían un año constituido por 12 meses de 30 días cada uno. A estos días se les añadía 5 días adicionales, llamados epagómenos, dedicados al nacimiento de sus dioses más importantes. Es así como llegamos a los años de 365 días. Posteriormente,  durante el reinado de Ptolomeo III (238 a.C.), el decreto de Canopus impuso el llamado calendario alejandrino que establecía un sexto día epagómeno, consagrado a los dioses Evergetas, cada 4 años.

 

En el año 5 a.C., por sugerencia de Sosísgenes de Alejandría, el emperador romano Julio César estableció un calendario que copiaba al egipcio, aunque que para ese entonces ya se sabía que la duración del año trópico era de aproximadamente 365 días y 6 horas (365.25 días), así que el exceso de 6 horas por cada año que se iba acumulando, al cabo de 4 años,  completa un día (6 hrs. x 4 = 24 hrs.) agregando un día adicional cada 4 años, en aquellos años cuyas cifras fueran divisibles por 4, para compensar por esta variación. El calendario Juliano significó una mejora al calendario, pero no tomaba en cuenta un pequeño error adicional de 0.007784 días cada año. Esto hizo que para el siglo XVI, el año estuviera "corrido" 11 días, y que la Pascua ya no coincidiera con las fechas históricamente correctas. Ante tal estado de cosas, y en atención a uno de los acuerdos del Concilio de Nicea[2], el Papa Gregorio XIII le encargó a una Comisión del Calendario, en la que destaca el astrónomo jesuita Christopher Clavius[], la solución del problema. Finalmente, en 1582, a través de una Bula Papal, se ordenó adelantar el calendario oficial por 11 días, para compensar el error acumulado hasta ese momento. Así pues, al jueves 4 de octubre (juliano) de 1582 le sigue el viernes, 15 de octubre (gregoriano) de 1582. Diez días desaparecieron debido a que se habían contado de más según el calendario juliano.

Como la pequeña diferencia, antes mencionada, va acumulando un error adicional a través de los siglos, fue necesario establecer una regla adicional para los años bisiestos: que los años divisibles entre 100 no son bisiestos, a menos de que también sean divisibles entre 400 (esta fue la razón por la cual el año 2000 sí fue un año bisiesto).  Afortunadamente, por lo menos durante los siguientes 90 años, no tendremos que preocuparnos por esta regla y, aparte de los 11 días de corrimiento, esta regla es la única diferencia entre los calendarios Juliano y Gregoriano, que es como se conoce a nuestro calendario actual. 

Pese a esta evidente mejora en el calendario, aún persiste un pequeño error. El calendario Gregoriano hace que cada año tenga 365.2425 días, pero sabemos que el año trópico tiene 365.242216 días, y por lo tanto existe una diferencia de 0.000284 días (aproximadamente 24.25 segundos por cada año) entre ambos años.  Aunque esta diferencia puede parecer mínima, causará un error de un día adicional completo en aproximadamente[1] 3,000 años, que en su momento deberá ser corregido, aunque es probable que ese día sea descontado del año 3600, ya que según la regla gregoriana vista anteriormente, no será un año bisiesto.

Pero, ¿de dónde proviene el término bisiesto? La razón es histórica. El calendario romano tenía tres fechas mensuales fijas: Calendas, Nonas e Idus y según este uso el 23 de febrero era el "sexto día antes de las Calendas de marzo".  Originalmente entonces, el día agregado al año era el 24 de febrero, y por ser un día adicional era el día bi-sexto, que después se volvió bisiestoPosteriormente, cuando se dejaron de contar las Calendas, resultó más cómodo considerar que el día agregado era el último día del mes, cambiándose así al 29 de febrero.



[1] Como el error es de 0,0003 días por año, podría parecer que al cabo de tres mil años se habrá acumulado un día de error. Pero en realidad no sabemos exactamente cuándo llegará el error a un día debido a las diversas perturbaciones involucradas en el movimiento terrestre (ver la nota número 1).

 



[1] Este período es de 365.242216 días, y aquí los decimales no se incluyen por pedantería sino porque son sumamente importantes. Sin embargo es importante mencionar que este número de días tampoco es del todo exacto, ya que ésta duración depende de las velocidades de rotación y traslación de la Tierra , las cuales van cambiando de una manera que no es completamente predecible con el paso de los siglos, debido principalmente a los efectos de las mareas lunares y solares.

[2] En el concilio de Nicea (325 d.C.), se estableció que la Pascua debía conmemorarse el domingo siguiente al primer plenilunio posterior al equinoccio de primavera (en el hemisferio norte). Una vez fijado el momento astronómico correspondiente a la Pascua, todas las demás fiestas religiosas debían de celebrarse en relación con éste. Aquel año, el equinoccio ocurrió el 21 de marzo[], pero con el paso del tiempo la fecha del evento se fue adelantando, hasta el punto de que en 1582 , cuando se consideró la reforma del calendario, el desfase ya era de 10 días y el equinoccio se fechaba el 11 de marzo.

[3] Como el error es de 0,0003 días por año, podría parecer que al cabo de tres mil años se habrá acumulado un día de error. Pero en realidad no sabemos exactamente cuándo llegará el error a un día debido a las diversas perturbaciones involucradas en el movimiento terrestre (ver la nota número 1).

 

 
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